dijous, 18 de març de 2010

Magdalena



--A ver que te decimos ahora, Magdalena. La verdad es que estoy muy harto de todo esto, tanto bregar, tanto bregar para que luego te llegue el primer hijo de puta que sale de una esquina y te tire toda la basura del mundo encima, estoy muy cansado, muy cansado.
--¿Crees que es mejor no decirle nada, hacer cómo si no hubiese pasado, seguir con la jodida mentira, callando, disimulando? No se… Todos se merecen una explicación.
Era muy de noche, entrado el día siguiente al que todo empezó, caminaban uno detrás de otro, ya cansados, con las manos en el fondo de los bolsillos, y las espaldas vencidas, hablándose, adelantándose unos pasos, parándose. Se miraban, se decían, uno echaba a caminar y el otro le seguía.
Venimos de solucionar el mundo, venimos de bebernos las últimas reservas.
A veces me quedo mirando allí, donde se pone el sol.
Otras busco su reflejo, cabeza gacha, en los charcos de la calle.
La piedra que llevo en el zapato lleva un millón de años rodando por aquí. ¿Cuándo serás, cuando volverás a ser?
Troceo una pegajosa hoja de higuera, miro el revés de una parra. Soy, fui y seremos ¿tomateras?
Sale el sol. Estoy dormido en la acera, mojada, regada, apoyado en la farola. En el brillo se ahogan mil colorines aceitosos que abriendo terriblemente sus bocas me dicen que al alba…vencerá.
Magdalena, a ver que te decimos ahora. Has subido a los altares, a ver quien te baja. Espero por lo menos que te pillara bien. Total, Dios sabe como iremos los demás.

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